Quién y por qué?

Mi nombre es Agustin, tengo 28 y hace más de 5 años me diagnosticaron esclerosis múltiple, aunque puedo asegurarte que me siento más sano que nunca y además no tengo ninguna secuela. En esta sección voy a contarte mi historia y los motivos por lo que cree este página.

Quien soy. Mi historia

Cómo te dije más arriba, mi nombre es Agustín y tengo 28 años. Soy estudiante de marketing y tengo una pequeña empresa de software, que es mi pasión. Me encanta viajar y descubrir cosas nuevas. Actualmente estoy viviendo en Buenos Aires, Argentina.

Te cuento como empezó todo: en el invierno de 2013 (tenía 23 años) estaba de viaje por Buenos Aires y, de repente, casi de la nada, empecé a notar qué me costaba visualizar los carteles de las estaciones del Subte (metro, o subterráneo en otros países), que necesitaba acercarme mucho para poder leer lo que decían. Con el correr de los días el problema seguía y luego me di cuenta de que al mirar a mi lado derecho veía doble, entonces me empecé a preocupar. Y mucho.

En cuanto volví de mi viaje, 7 días más tarde, fui a consultar con el médico oculista de mi familia, quien me derivó a un neurólogo con urgencia, porque decía que no estaba corto de vista, sino que tenía un problema de coordinación de los ojos. Claro, recién ahí note que al mirar para la derecha el ojo izquierdo se movía, pero el derecho no; ahí estaba la causa de la visión doble.

Conseguí un turno con un neurólogo en mi ciudad (San Juan, Argentina en ese momento) y fui a verlo. Me dijo que podía tratarse de una enfermedad degenerativa y que necesitaba que me haga unas resonancias magnéticas con urgencia, porque probablemente tenía que internarme para colocarme un pulso de corticoides por vía intravenosa. Yo no sabía qué era una enfermedad degenerativa, pero como soy bastante positivo no quise preocuparme. Al otro día me hice las resonancias (más de una hora dentro del resonador) y el neurólogo se comprometió a pasar por la clínica para ver las imágenes y luego comunicarse conmigo. A las pocas horas, el médico fue a visitarme a mi casa (si, aunque no lo crean. Algo poco común hoy en día y que habla de la gran calidad humana del doctor) y confirmó que debían internarme con urgencia por unos 5 días para comenzar con el pulso de corticoides y poder revertir la visión doble (o sea, que el ojo derecho vuelva a moverse con normalidad). No se animó a confirmar un diagnóstico en ese momento y dijo que mientras estuviese internado me realizarían estudios para poder confirmar su presunción (había mencionado, casi al pasar, “esclerosis múltiple”, una enfermedad que yo ignoraba que existía hasta ese momento).

Mientras estaba internado pedí una interconsulta con una médica neuróloga, supuestamente más experimentada por haber trabajado en FLENI (el centro de neurología más prestigioso de Argentina, y quizás de latinoamérica), y me dijo que todo indicaba que padecía de esclerosis múltiple, pero que para poder confirmar el diagnóstico necesitaba el resultado de un análisis de líquido cefaloraquideo -punción lumbar- que aún se estaba procesando. Quedamos en que cuando me dieran de alta y tuviera el resultado iría a verla a su consultorio para poder confirmar el diagnóstico (que, por lo que todos me decían, era ya casi seguro) y empezar un tratamiento.

Ahora quiero contarte cómo me sentía por dentro, qué pasaba por mi cabeza: Cuando me dijeron que lo más probable era que tenía esclerosis múltiple, lo primero que hice fue buscar en Google sobre la enfermedad porque, como te dije antes, nunca había escuchado esas dos palabras. Cuando supe de qué se trataba, las consecuencias terribles y que (supuestamente) no había una cura, sino medicamentos que podían reducir los brotes y las lesiones en hasta un 55%, me dije a mi mismo “esto no me va a ganar. Tiene que haber alguna forma de hacer que mi propio sistema inmunólogico deje de atacar a mi cuerpo“. Inmediatamente empecé a investigar, compre algunos libros en Estados Unidos (me los mandaron por correo) y leí todo lo que encontré sobre “esclerosis múltiple” y sus tratamientos. Me informé sobre cada una de las drogas que habían en el mercado, sus usos, efectos secundarios, formas de ingerirlas, etc. Ya sabía que la droga más efectiva era fingolimod y que se tomaba vía oral una vez al día; esa era el tratamiento que yo había elegido (claro, sin consultarlo con el médico. Me estaba adelantando, pero creo que fue lo mejor que hice; al fin y al cabo es mi vida, mi cuerpo y no hay nadie más en el mundo que pueda cuidarlo mejor que yo mismo). Mientras tanto esperaba los resultados de la punción lumbar para asistir al turno con la neuróloga que me fue a ver durante la internación. Siempre estuve tranquilo, porque sabía que hay distintos tipos de esclerosis múltiple, uno más leve que otro (¿y por qué no podría estar en el más leve de todos?), y que la ciencia estaba avanzando en nuevas curas o tratamientos más efectivos.

Una vez que tuve los resultados que faltaban (de la punción lumbar) fui al turno con la neuróloga (que me la habían recomendado, porque decían que era excelente profesional). En un turno de 15 minutos me confirmó que tenía esclerosis múltiple y me indicó el tratamiento a seguir: pincharme con interferon 3 veces por semana. Y además me dijo “es muy importante que estés bien psicologicamente, asique si algún día te sentís mal, anda a un psicólogo. Yo voy a llamar al laboratorio para ir ‘activando’ el medicamento mientras vos hacés los trámites con tu cobertura de salud. Una enfermera del laboratorio va a ir a tu casa para enseñarte como colocarte las inyecciones”. Me indicó unos análisis y me dijo que la viera, con los resultados, a los 15 días de empezar con el medicamento. Yo le dije que prefería tomar fingolimod, porque es más efectivo y práctico que el interferón, pero ella me dijo que “el fingolimod no es para vos”, así sin ninguna explicación. Salí del consultorio enojado por la poca calidad humana de esa médica, que me había impuesto un tratamiento que yo no quería y había sido extremadamente fría (voy a dejar de lado el hecho de que quiera llamar al laboratorio para “activar” el medicamento y el gran negocio que hay detrás de eso). Obviamente decidí que no quería que ella me tratara, no quería a esa persona como médica. Entonces pedí un turno con otro neurólogo, especialista en esclerosis múltiple (también de FLENI), en Buenos Aires.

Hasta que pude conseguir un turno con el nuevo neurólogo pasó un mes más y yo seguía leyendo, aprendiendo, investigando. Muy adentro mío sabía que seguro existía una solución, una cura. Cuando estuve en el consultorio del médico le dije que ya había investigado sobre todos los tratamientos y que prefería tomar fingolimod, por la comodidad de la toma oral y porque era el medicamento más efectivo de todos. Él me dijo que primero deberíamos hacer algunos estudios para ver si tenía “compatibilidad”, asique me mandó a hacer varios análisis y quedamos en que el próximo turno sería de 2 horas, para que él me comente sobre todas las distintas alternativas de tratamientos y yo elija la que mejor me pareciera (hablando de drogas, por supuesto).

Así volví a San Juan, un poco más conforme con el médico y dispuesto a hacer los estudios. Entre tantas cosas que había leído, me enteré de que en Estados Unidos había un neurólogo (el Dr. Swank) que, desde 1950, estaba tratando a sus pacientes con esclerosis múltiple con una dieta baja en grasas saturadas y que todos los que la habían seguido habían pasado años (algunos hasta 50) sin brotes ni nuevas lesiones. Continué leyendo y descubrí que en Australia había un médico (el Dr. Jelinek), diagnosticado con esclerosis multiple, que había tomado la dieta de Swank, la había actualizado y también creó un programa de recuperación mejorado (que además incluye actividad física y la toma de una pequeña dosis de vitamina D todos los días), y que las personas que lo seguían lograban frenar el avance de la enfermedad por completo; incluso, después de 5 años siguiendo el programa, en muchos pacientes habían podido observar dismusiones en el tamaño de las lesiones en el sistema nervioso. El Dr. Jelinek llevaba más de 13 años siguiendo el programa y sin brotes. Ni bien me enteré de los tratamientos de estos 2 médicos mandé a pedir los libros a Estados Unidos (ambos escribieron libros con sus dietas y programas), lei los fundamentos científicos, me convencieron e inmeditamente cambie mi alimentación por una dieta baja en grasas saturas, rica en acidos grasos esenciales (con mayor omega 3 que 6), comencé a hacer actividad física a diario y a tomar 5.000 UI de vitamina D todos los días. A los pocos días comencé a sentir los beneficios: me sentía mas liviano, con más energía y menos fatigado. Mi visión había empezado a mejorar, aunque todavía no del todo.

Una vez que tuve todos los estudios viajé a ver nuevamente al neurólogo, pero mucho más relajado y esperanzado que antes, porque ya había iniciado mi propio tratamiento, que me aseguraba que, al menos en 5 años, las lesiones iban a disminuir su tamaño y que después de un año de seguirlo no iba a tener más brotes. Esta vez el turno fue de 2 horas. El médico vió las estudios y me comentó detalladamente sobre cada uno de los tratamientos que él me proponía, me explicó cómo actuaba cada droga, como era la toma, cuáles eran los efectos secundarios, cuándo se usaba uno y cuando otro. No quiero parecer poco humilde, pero la verdad es que yo ya sabía exactamente todo lo que me dijo, porque hacían ya casi 2 meses que no paraba de estudiar y estudiar sobre la esclerosis múltiple. Como yo esperaba, los estudios para chequear mi “compatibilidad” con fingolimod estaban perfectos, asique juntos decidimos iniciar el tratamiento con ese medicamento.

De vuelta en San Juan inicié los trámites para que mi cobertura de salud me brinde el medicamento (bastante costoso. Hoy en día, la caja de 28 comprimidos, que dura 4 semanas, tiene un costo de aproximadamente 5000 dólares), y seguí investigando. Honestamente, yo no quería tomar fingolimod por los graves efectos secundarios que genera y porque estaba convencido de que con el cambio en la alimentación bastaba, pero mis padres no estaban del todo de acuerdo, asique hicimos un trato: lo tomaría por 6 meses y veríamos como evolucionaba. Por supuesto que iba a continuar con la dieta, que tan bien me estaba haciendo.

Mientras esperaba que mi cobertura médica (prepaga, seguro médico u obra social en otros paises) me entregara la primer caja del medicamento (un trámite que lleva algunas semanas) seguí investigando. Buscado libros sobre esclerosis múltiple en Amazon, encontré uno, en inglés, titulado “Por qué no hay esclerosis múltiple en el Ecuador? Cómo los médicos brasileros están curando la esclerosis múltiple con altas dosis de Vitamina D3” qué decia que en Brasil, un neurólogo llamado Cicero Galli Coimbra estaba tratando a sus pacientes con altas dosis de vitamina D (de 50.000 a 100.000 UI diarias -recuerda que yo tomaba 5.000 por día) y que todos permanecían sin brotes ni nuevas lesiones, incluso mostrando disminución de lesiones en el sistema nervioso al cabo de un año de tratamiento. Ese día sentí algo distinto, sentí una gran alegría interior, sentí que había encontrado lo que estaba buscando: una cura, un tratamiento que frenara por completo el avance de la enfermerdad, con resultados rápidos y comprobables en poco tiempo mediante una resonancia mágnetica. Sentí que la vitamina D podía protegerme al 100% y no al 55% como fingolimod. El tratamiento me “cerraba” mucho: yo había leido en una publicación médica que 5.000 UI diarias de vitamina D podían disminuir las lesiones y brotes en un 50% entonces, ¿por qué no tomar dosis más altas?. Empecé a profundizar en la investigación y descubrí una comunidad de más de 2500 pacientes “vitaminados” en Facebook contando sobre los sorprendentes resultados, mostrando los informes de sus resonancias y que habían 20 médicos tratando con el protocolo de la vitamina D creado por Coimbra. Inmediatamente llamé al consultorio del Dr. Cícero en Sao Paulo para pedir un turno, pero su secretaría me dijo que tenía un año de demora porque habían muchos pacientes esperando y me recomendó contactar al Dr. Eduardo Frischling, el único médico que en ese momento trataba con el protocolo en Argentina y que había asistido a una capacitación brindada por el Dr. Cícero Galli Coimbra.

Pedí un turno con el Dr. Eduardo Frischling y fui a verlo. Inmediatamente sentí una conexión especial con él; es una persona muy agradable y positiva. En un turno de 1 hora y media me comentó sobre el tratamiento con altas dosis de vitamina D y sobre los excelentes resultados que estaban teniendo los pacientes. En la comunidad de Facebook había leído tantos casos positivos sobre recuperación y sanación que iba dispuesto a comenzar con el tratamiento, asique así lo hicimos: Me indicó que tomara 50.000 UI de vitamina D3 diarias, una dosis de omega 3, y una suplemento de vitamina C y algunos minerales con propiedades remielinizantes, todo en cápsulas y via oral. Asique al cabo de una semana ya estaba tomando Vitamina D en altas dosis. Todavía no iniciaba la toma de fingolimod porque mi seguro médico todavía no finalizaba el trámite, entonces decidí cancelarlo. Decidí continuar con los cambios en la alimentación y el tratamiento con vitamina D y no tomar ningun medicamento. Mi familia estuvo de acuerdo, también ya estaban convencidos sobre los grandes efectos de ambos tratamientos “naturales”.

Pasaron los meses y fui a las consultas de control con el Dr. Eduardo. Cada día me sentía mejor. Ya no sentía fatiga, cansancio. Ya me sentía totalmente sano. Ya mi ojo derecho se movía junto con el izquierdo y no tenía más visión doble. Y así pasó 5 año, 5 año sin brotes ni nuevas lesiones. Y aca estoy, plenamente feliz… Sano. Yo ya me siento curado.

Por qué creé ésta página

¿Querés saber por qué hago esta página?

  • Porque me siento en la obligación moral de hacer que el mundo se entere de que hay forma de detener por completo el avance de la esclerosis múltiple e incluso revertirla y recuperarse de las secuelas. Cuando yo fui diagnosticado pase meses y meses dedicado completamente a estudiar, leer, leer, leer y leer sobre la enfermedad y me di cuenta de que toda la información importante en los que respecta a los 2 tratamientos que descubrí está en inglés. Agradezco enormemente que mis padres me hayan mandado a aprender inglés desde chico, pero se que hay muchisimas personas que no lo hablan y necesitan conocerlos para sanarse.
  • Porque, lamentablemente, hoy en día la esclerosis múltiple es un gran negocio para muchos laboratorios y neurólogos, por eso tratan de desprestigiar o “tapar” los dos tratamientos que aquí comento. Creo que se debe acabar con ese negocio.
  • Porque los tratamientos de los que hablo en esta página web están avalados cientificamente y tienen costo bajisimo (o directamente no lo tienen) y creo que todo el mundo debe conocerlos.
  • Porque quiero que nadie se sienta triste, desilusionado o deprimido al obtener un diagnóstico de esclerosis múltiple. Quiero que si alguien busca sobre la esclerosis múltiple en Google encuentre esta página.

Algunas aclaraciones

Quiero dejar más que claro que este sitio web no tiene fin de lucro en absoluto. No pretendo ganar dinero, sólo hacer que cualquier persona conozca estos 2 tratamientos que han logrado detener e incluso revertir la esclerosis múltiple en miles de personas.

También aclaro que no soy medico y que este sitio es meramente informativo y el puntapié inicial para que puedas consultar con un profesional que trate con vitamina D o educarte sobre qué cambios puedes hacer en tu alimentación y estilo de vida para sanarte. Esta página es sólo mi historia, mi opinión personal.

No dudes en contactarte conmigo para lo que necesites, estoy dispuesto a ayudarte.

¡Gracias por haber llegado hasta acá!